La semana pasada publiqué en mi página personal una reflexión que decía así: «He estado viendo muchos anuncios que ofrecen acabar la secundaria en 3 meses y la prepa en 4. Pregunta, ¿por qué si se puede hacer en 7 meses tardamos seis años en hacerlo?».Ciertamente se trata de una broma, pero hay que tomárselo muy en serio. No se broma que si se pueden realizar estos estudios en 7 meses, nos tome 6 años hacerlo. Analicemos esto con calma y razonamientos fríos. La existencia de estas escuelas puede deberse a una de las siguientes opciones:
Opción 1
La primera opción es que realmente se puedan adquirir todos los conocimientos y habilidades de la secundaria y de la preparatoria en 7 meses, de donde se sigue, necesariamente, que el programa de hacerlo en seis años resulta innecesario e irrelevante y sólo implica una pérdida de tiempo. La razón resulta obvia y pone en duda todo el sistema educativo tradicional. Afortunadamente, esta es la opción menos probable.Opción 2
La segunda opción es que no, no se puede obtener el total de conocimientos y habilidades en siete meses, pero en ese tiempo es posible obtener el mínimo necesario de conocimientos y habilidades para acreditar secundaria y preparatoria. Pero, si esto es así debemos preguntarnos, entonces, ¿qué caso tiene, entonces, adquirir el resto de los conocimientos y habilidades?Supongamos que en cuatro meses (para prepa) sólo se puede obtener un porcentaje (hipotéticamente hablando) del 25% de lo que se enseña en toda la preparatoria y que ese porcentaje es suficiente para acreditar este nivel de estudios. ¿Qué caso tendría aprender el otro 75%? Si es posible ir por la vida sabiendo sólo el 25% de lo que se enseña en la preparatoria no tendría caso aprender el otro porcentaje, de donde se sigue, nuevamente, que el programa de 6 años es una pérdida de tiempo y es irrelevante.
Quizá, dirán algunos, es por cultura general. Cierto, esto podría ser. Podrían ser conocimientos sobre el mundo, la vida, el arte, la ciencia que todos deberíamos saber sólo por el gusto de saber. Sin embargo, esto no es una objeción, al contrario, convierte esos saberes en meros accesorios ornamentales no útiles para la vida. Saberes que quizá uno podría adquirir después de haber hecho una vida productiva.
Opción 3
Existe una tercera posibilidad: que estas escuelas sean un fraude y entreguen un certificado que avala poseer conocimientos y habilidades necesarios para el trabajo y la vida y que en realidad no posee quien adquiere este título.Sin embargo, si esto fuera así sucedería que estas escuelas quebrarían pronto, pues los empleadores terminarían por correr a las personas con estos certificados ya que las personas en realidad no tendrían la competencia necesaria, por lo que, al cabo de un tiempo, la gente no conseguiría empleo y los nuevos clientes dejarían de asistir a estas escuelas porque verían que de nada sirve tener papeles «falsos». Incluso, antes de llegar a este punto, la SEP y las empresas pondrían sobre aviso a la gente de no asistir a estas instituciones porque se trataría de títulos «falsos».
Pongo «falsos» entre comillas porque quizá no lo sean como tal, es decir, efectivamente pueden ser expedidos por la propia SEP, pero son «falsos» porque avalan poseer competencias que no se tienen. En realidad el término correcto, siguiendo a Baurdillard, serían simulados.
Esta opción, entonces, no podría considerarse como la respuesta correcta por lo señalado, serían una simulación y ya habrían desaparecido. Esto no quiere decir que no existan quienes, efectivamente, tramiten documentos falsos o vendan las respuestas a los exámenes del INEA, pero, en este caso, sólo sería una variación del mismo caso ya que los empleadores dejarían de contratar a quien tuviera el certificado y no estudios en una escuela formal que los respalden.
Opción 4
Otra opción más sería que los conocimientos y habilidades que se aprenden en la secundaria y preparatoria pueden ser aprendidos «por fuera», es decir, en la vida laboral o en la vida diaria o de alguna otra manera y que estos cursos sirvan únicamente para avalar esas competencias adquiridas por otros medios que no son la escuela; se trataría de sistemas de certificación de competencias adquiridas.Esto suena muy razonable, ciertamente si uno se autoeducó o adquirió conocimientos por medio de la experiencia, tiene derecho a certificar los mismos. Sin embargo, si esto es así, la conclusión de que el sistema de 6 años es irrelevante aún se mantiene, aunque de manera contingente, no necesaria; pues podríamos afirmar que es irrelevante asistir a la escuela por 6 años si de todas maneras vamos a adquirir esa competencia en la vida cotidiana o laboral. Ciertamente (y por eso la conclusión es sólo contingente) algunas personas no obtendrían los conocimientos y habilidades en su vida diaria o laboral por diversas circunstancias y por ello requieren ir a la escuela. Pero, entonces, la escuela (y el plan de 6 años) se vuelve algo opcional.
Es decir, si puedo adquirir las competencias de estos niveles educativos fuera de la escuela, ¿para qué pasar seis años en la escuela si puedo pasarlos trabajando o viviendo y aun así aprender lo que requiero?
Opción 5
La última opción que se me ocurre que puede explicar este fenómeno es, en realidad, una variación de las opciones 1 y 2. Consiste en afirmar que muchas empresas piden el título de secundaria y/o preparatoria únicamente como un requisito oficial, generalmente devenido de la existencia de una ley que así lo exige, pero que, en realidad, resultan irrelevantes los conocimientos y habilidades aprendidos en estos años para ocupar dichos puestos de trabajo, así como para llevar una vida (pues si fueran indispensables para la vida, nadie intentaría certificar sin poseerlos).Es decir, supongamos que para un puesto de trabajo determinado se establece, por ley, que se debe contar como mínimo con estudios de preparatoria; pero, en realidad, dichos estudios son irrelevantes para ejercer ese puesto de trabajo. Es decir, es requisito el título pero lo que enseñan en la escuela no sirve para ejercer ese trabajo plenamente. El empleador requerirá al postulante el certificado sólo por ser un requisito de ley, no porque le importen los conocimientos y habilidades que este supone avalar. Las personas tramitarán el certificado sólo para cumplir con poseer el documento, sin importarles, también, adquirir los conocimientos y habilidades necesarios pues no le son requeridos. Así, al postularse para un empleo, presenta los documentos y será contratado sin importar si tiene o no la competencia necesaria, pues esta es innecesaria ya que otras competencias, que no son enseñadas en las escuelas, son las que realmente requiere el empleo.
Esta última opción me parece lo más cercano a la realidad, la mejor explicación a este fenómeno y, aun así, se mantiene la conclusión de que el programa de 6 años es irrelevante pues para qué pasar seis años en la escuela si las competencias necesarias para un trabajo son otras distintas a las que se enseñan en ella.
Ahora, nótese que, en caso de requerir el certificado para ingresar a la universidad, todas las opciones mantienen su validez. Para ingresar a la universidad se requiere el certificado de preparatoria. Si una persona que la cursa en 4 meses logra entrar a la universidad o la tendrá que dejar pronto por no tener realmente los conocimientos y habilidades para estar en ella o pasará por ella sin que esos requisitos le sean realmente necesarios. Es decir que si realmente se requiere cursar toda la secundaria y preparatoria para obtener un certificado, quien no lo haya hecho no podrá ingresar o no durará mucho en la universidad; pero si no es realmente necesario, quien adquirió su certificado en siete meses podrá cursar una carrera universitaria sin problema. De donde se sigue, igualmente, que el plan de 6 años resulta innecesario.
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