lunes, 30 de julio de 2018

Más empresas = mejores salarios

En la entrada anterior expliqué por qué es mala idea aumentar el salario mínimo. Generalmente la primera reacción de muchas personas cuando explico o publico esto es que me dicen cosas como «¿entonces estás de acuerdo con lo que gana la gente?», «¿no quieres que suban los salarios?» y preguntas o afirmaciones similares. En ningún momento he dicho o publicado que no quiero que suban los salarios, por supuesto que es mi deseo también. La diferencia radica en comprender cómo funcionan los salarios y, entonces, hacer una propuesta lógica, racional y empíricamente demostrada para que suban los salarios. En esta entrada explicaré uno de los principios que pueden llevar a un verdadero incremento de los salarios: el pleno empleo.

Hay dos factores sumamente importantes que determinan el salario de una persona. El primero de ellos es la percepción subjetiva de la gente sobre el beneficio, igualmente subjetivo, que el producto del trabajo de esa persona le trae al usuario. Es decir, qué tan útil es lo que hace. De esto hablaré en la siguiente entrada.

El segundo factor es más conocido y es la relación entre oferta y demanda de empleo. La cuestión es muy simple: a mayor oferta de empleo (más gente que busca empleo) y menor demanda (menos puestos de trabajo) los salarios bajan y viceversa. 

En una ocasión un conocido preguntaba (retóricamente) «¿por qué gana más un cirujano que aquél que limpia el quirófano si ambos son igual de importantes, pues si el quirófano no está limpio no se puede operar ahí?». Su pregunta era engañosa, quería que la gente le respondiera que no había razón y que era injusto que uno ganara más que otro. Evidentemente esto es falso, sí hay razones. La primera es que el cirujano estudió mucho para llegar a serlo y el que limpia, no. Esto también es falso. En realidad, quien limpia podría tener más estudios que el cirujano, podría tener, por ejemplo, un doctorado en historia del arte o en antropología, pero, ante la falta de empleo, terminaría limpiando quirófanos. No, no es la cantidad de estudios lo que determina cuánto gana una persona.

Mi respuesta fue muy simple y va más o menos así: si en este momento el cirujano decidiera no operarte, ¿qué pasaría? ¿Qué tan fácil sería que consiguieras otro? Pensemos, especialmente, que es un cirujano de alta especialidad, de esos que sólo hay diez en el país, ¿cuánto estarías dispuesto a pagar por ese cirujano? Ahora imagina que quien limpia el quirófano decide no hacerlo, ¿qué tan fácil sería conseguir a otra persona que limpie? Seguramente bastaría salir a la calle y alguien aceptaría el empleo.

Si fuera tan fácil conseguir un cirujano como lo es conseguir personal de limpieza, seguramente el primero cobraría mucho menos, quizá hasta lo mismo que el segundo. Pero no lo es. Esto significa que la demanda de cirujanos es más alta que la oferta y, por ende, el salario sube; mientras que la oferta de personal de limpieza es alta y por eso el salario baja.

Ciertamente en este ejemplo influyen muchos otros factores como el jugarse la vida, el grado de experiencia, reconocimiento, etc. Pero de ellos hablaremos en otra ocasión. Por ahora entendamos el concepto básico de oferta y demanda.

Retomando, entonces, si hay mucha gente dispuesta a trabajar y pocos empleos, los salarios bajan; pues las empresas pueden sustituir a quien le cobra más caro por hacer el mismo trabajo y, ojo, esto es muy importante, tiene que hacer exactamente lo mismo. Esto nos llevará después a hablar de preparación y experiencia, factores que también determinan los salarios.

Supongamos, entonces, que en México hay sólo 100 puestos de trabajo para determinada profesión, la cual es irrelevante para el ejemplo. Ahora, supongamos que tenemos 200 profesionistas dispuestos a ocupar esas plazas. ¿Qué va a suceder? Los salarios bajarán porque los empresarios pueden darse el lujo de elegir a quién contratan. Supongamos, por ejemplo que ya están ocupadas 99 de las plazas, ¿a quién elegirá el contratante de esa última plaza? Pues tiene 101 candidatos de dónde elegir y no tiene que pagar más de lo que pagan otras empresas. Los mismos postulantes estarán dispuestos a ganar menos con tal de conseguir el trabajo. Aparecerá gente que diré «yo acepto trabajar por menos dinero si me das el puesto» (por cierto, este fenómeno lo hemos estado viendo en redes sociales desde que se propuso bajar el salario a los políticos).

Pongamos ahora el caso inverso, hay 100 puestos de trabajo y sólo 50 postulantes. ¿Qué van a hacer las empresas? Requieren ganarse a uno de ellos, pues la mitad de las empresas se quedarán sin cubrir sus plazas. Para ello, tendrán que ofrecer algo a los postulantes que las otras empresas no puedan ofrecer y, por supuesto, qué mejor aliciente que un mejor salario. Si la empresa A ofrece $5,000 al mes, la B ofrecerá $5,500 y la C tendrá que ofrecer $6,000 y así, hasta que exista un estándar de salario, un salario tope, donde las empresas ya no están dispuestas a pagar más y el salario es conveniente para el postulante. El propio postulante podrá elegir dónde trabajar. Si la empresa A no le ofrece lo que desea, sin pena podrá irse a otra empresa a buscarlo.

Creo que no puede haber nada más claro que esto.

En 2017, durante la 34 Feria de Empleo CDMX, se pudo constatar que empleos como el de panadero podía llegar a ofertar lo mismo o más que el de contador o médico (véase http://www.elfinanciero.com.mx/economia/un-panadero-puede-ganar-mas-que-un-contador). Por qué, la razón es muy simple: hay más contadores, médicos o psicólogos que puestos de trabajo y más puestos de trabajo para panaderos que panaderos. Así de simple son las cosas.

En redes sociales también apareció recientemente la siguiente imagen:
Mucha gente se indignó por el hecho de que un carnicero, con estudios básicos, ganara más que un diseñador gráfico con estudios superiores. La razón es la ya expuesta, hay demasiados egresados de diseño gráfico, muchos más de los que se requieren mientras que hay menos carniceros. Simple y llanamente así son las cosas 

Pleno empleo significa, entonces, que haya una relación proporcional entre la cantidad de ofertantes (empresas que requieren gente) y postulantes (gente que busca empleo). 

Ciertamente nunca llegaremos a una equidad 100/100, es decir, que de cada cien empleos disponibles haya cien personas capaces de cubrir esos puestos. Pero en México la cantidad de profesionistas es muy superior a la cantidad de empleos existentes (en gran medida gracias a la enorme cantidad de universidades que han aparecido en las últimas tres décadas), aunque no hay cifras muy exactas sobre esto, la evidencia de esto radica, precisamente, en los bajos salarios de ciertas profesiones. Si hubiera más empleo para psicólogos, su salario sería más alto, no porque el gobierno así lo determine, sino porque las empresas están dispuestas a pagar más por el servicio que estos profesionales otorgan.

Para lograr el pleno empleo, y con ello mejores salarios, no requerimos que el gobierno decrete un aumento en el salario mínimo. Tampoco requerimos que el gobierno abra plazas al interior del mismo para estas personas (porque se pagan con impuestos, lo cual es contrario al pleno empleo). Tampoco requerimos más universidades, lo cual es totalmente contraproducente. Lo que requerimos son más empresas.

Las empresas privadas son quienes ocupan a la mayoría de los empleados (aproximadamente entre el 70% y 80% de los empleos generados en México) y quienes determinan el valor real de su trabajo. Más empresas significan más puestos disponibles y, con base en lo explicado más arriba, salarios más altos. 

Para que haya más empresas lo único que el gobierno tiene que hacer, que no es subir el salario mínimo por decreto, es facilitar al empresario abrir una empresa: reducir la cantidad de permisos (que en la actualidad, en México, es abrumadora), reducir los tiempos de respuesta, reducir las cargas fiscales, reducir las prestaciones de los trabajadores, es decir, reducir la intervención estatal al mínimo.

Mientras más empresas más puestos de empleo y mejores salarios. Es la única forma y ha sido empíricamente demostrado en países como Hong Kong, Canadá, Nueva Zelanda, Japón, entre muchos otros. Este último país, Japón, se recuperó de la segunda guerra mundial justamente gracias a la creación de cientos de empresas en aquél país, no gracias a programas sociales. 

Si queremos mejorar los salarios en México la solución es, entonces, abrir más empresas y al decir esto no estamos diciendo que tenemos que abrir grandes fábricas como Coca Cola o grandes cadenas como Wal Mart o Liverpool. Basta con abrir pequeñas empresas de cincuenta empleados. En México, entre 70% y 80% de los empleos están en manos de PyMES. Más restaurantes, más tiendas, más librerías, más papelerías, más negocios de computadoras, todo eso sirve. Pero, ciertamente, tiene que combinarse con otras políticas como son reducción de impuestos para que sea más atractivo poner una empresa y para que la gente tenga más dinero para comprar en esas pequeñas empresas.

Por cierto, poco importa, realmente muy poco importa, si las empresas son nacionales o extranjeras. Suponiendo que sólo empresas extranjeras llegaran a México, la cuestión sigue igual: cada empresa que llega ocupará un número determinado de empleados, que se resta a la fuerza laboral existente. Al llegar una segunda empresa, la oferta de postulantes es menor. Con una tercera o cuarta empresa que llegue a México, la oferta es cada vez menor y así llegará un momento en que los salarios empiecen a subir porque llegamos al pleno empleo.

Así que si usted quiere ayudar a los pobres no exija aumento al salario mínimo, junte dinero, abra una empresa y de trabajo a mucha gente. Es la única manera.

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